Leo en Instagram una cita que dice “No busques cuentos con final feliz. Intenta ser feliz sin tanto cuento”. Jajaja me río. Cuánta razón tienen.

Vivimos tan deprisa, siempre corriendo de aquí para allá. De casa a la oficina, de la oficina a casa. Y lo que tienen tiempo y ganas pasan también corriendo por el gimnasio. Llenar la nevera, hacer las tareas del hogar, dormir algo y de vuelta a correr.

Muchos días pasamos por la vida de puntillas, sin realmente dedicar ni un momento a hacer algo para sentirnos felices.

De niños jugábamos con hermanos, primos y vecinos. El parque, en casa, en la playa o en el campo. Cualquier sitio era bueno para idear un juego que nos conectara con nuestro ser y nos reportara felicidad.

Al crecer pasamos a compartir momentos menos físicos. Cafés en el bar, exposiciones de arte, películas y algún viaje nos llenaban los sentidos.

Pero pareciera que la edad adulta nos priva de esa felicidad. Que el hecho de trabajar y ganarnos la vida, teniendo a cargo una hipoteca o unos hijos, nos impide ser felices. Parece que esto de la felicidad es cosa del ayer y del mañana, de cuando nos jubilemos. De hecho la palabra jubilación tiene la misma raíz de júbilo “felicidad profunda”. Se diría que es en esa época de la vida en la que más felices seremos ya que volveremos a gozar de tiempo y contaremos con toda la experiencia vital acumulada para dar valor a lo que realmente lo tiene.

No esperes a mañana. Sé feliz hoy. No busques cuentos con final feliz. Sé feliz sin tanto cuento.