Hace unos días se publicó en El País un artículo en el que se afirmaba que “la ciencia explora el valor del ayuno para luchar contra el cáncer”.

En el artículo se habla de los estudios llevados a cabo por Valter Longo, un biólogo italiano que experimentó como las ratas con cáncer a las que administraba quimioterapia en su laboratorio respondían mejor al tratamiento si ayunaban 48 horas antes de recibir el tratamiento. 

Trasladó su experimento a los seres humanos y el resultado fue el mismo. Hay que tener en cuenta de que no se trata de un ayuno total y que este no se puede realizar sin supervisión médica.

Lo que más me llamó la atención del artículo es el párrafo en el que se sugiere que se pueden crear fármacos que imiten el ayuno. Dice el artículo que “una de las vías de investigación es buscar moléculas que activen alguna de las “vías metabólicas” que se ponen en marcha con el ayuno, como “la bajada de la insulina o la de los cuerpos cetónicos que transforman la grasa almacenada en energía para el cerebro”, señala Fernández-Marcos. En un futuro, este tipo de fármacos se podrían aplicar a la población sana, pero primero llegarán a los enfermos de cáncer porque “es más sencillo dado que los efectos observados son muy rápidos”, opina.”

¿¿Perdóóón?? ¿En serio piensan que van a poder encontrar una molécula, sintetizar un fármaco, que simule el ayuno? ¿Engañar al cuerpo? ¿Para qué? Para hacer dinero.

Existe una manera natural de conseguir los beneficios que el ayuno proporciona a nuestra salud. Y es precisamente ayunando como se consiguen.

Pretender encapsular sus beneficios en una pastilla sería como sustituir 8 horas de sueño por varios cafés bien cargados un día tras otro. ¿Verdad que no tiene sentido?

Tenemos que dejar de monetizar la salud humana. Gozar de buena salud es un derecho. No debería ser un privilegio. Y tanto el gobierno como los médicos -de nuestro país y a nivel internacional- deberían velar para que los pacientes pudiéramos gozar de todos los tratamientos tanto farmacológicos como naturales, siempre y cuando estos cuenten con evidencia científica, que nos ayuden a recuperar la salud en lugar de cronificar nuestras enfermedades.

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