Recientemente coincidí en un encuentro con un oncólogo de orientación integrativa que trabaja en un hospital público. Me contaba los problemas que tenía para conseguir que le contrataran a una enfermera que le ayudara en su labor de mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer.

“Se da por hecho que el médico trabaja para mejorar la calidad de vida de los pacientes. Pero en el caso de los oncológicos no es así” me decía.

Y es triste, pero tiene razón. En los servicios de oncología los doctores se centran en eliminar el tumor. Eliminar el tumor y evitar que el paciente se muera de cualquiera de los efectos secundarios que los pueden conducir a la muerte. Pero no se preocupan de la calidad de vida del paciente.

Actualmente el único que se preocupa por la calidad de vida del paciente oncológico es su cuidador. El que procura que esté bien, que no sufra.

Pero en la gran mayoría de los hospitales públicos y privados de nuestro país no se tienen en cuenta los tratamientos de soporte para evitar el sufrimiento del paciente desde el momento del diagnóstico de la enfermedad.

Por qué no, señores, no es calidad de vida administrar un antiemético por vía oral cuando el paciente lleva unos días de vómitos. Tampoco es calidad de vida ingresar al paciente para administrarle suero por vía endovenosa y algún fármaco más potente para cortar el vómito si éste no cesa.

No es calidad de vida administrar un fármaco para cortar la diarrea.

No es calidad de vida recetar un antibiótico cuando las defensas del paciente han bajado tanto que ha contraído una infección pulmonar. Tampoco es calidad de vida ingresar al paciente cuando esta neumonía está tan avanzada que su vida corre peligro.

No. Esto no es calidad de vida.

Calidad de vida es contener al paciente desde el primer momento. Acompañarlo en el proceso. Arroparlo. Prepararlo tanto emocional como físicamente antes de empezar a recibir los tratamientos convencionales y ofrecerle tratamientos de apoyo durante los mismos con el objetivo de minimizar al máximo los efectos secundarios que le puedan causar.

Y esto sí que es calidad de vida, señores: hacer todo lo posible por evitar el sufrimiento del paciente. Ya que si el paciente no sufre tampoco sufre el cuidador ni al resto de sus seres queridos.

No me malinterpretes: estoy muy contenta de como avanzado la ciencia y de que haya mucha más supervivencia del cáncer de lo que había hace años. Pero todavía seguimos con una asignatura pendiente: procurar calidad de vida al paciente durante todo el proceso para que, tanto si la enfermedad avanza y el paciente fallece como si el paciente recupera la salud, el proceso sea lo más llevadero posible para todos.

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