Hoy es uno de esos días en los que la vida te pega un susto. Uno de esos días en los que te das cuenta de que eres mortal.

Uno de esos días que llegas a los tuyos y no les besas, no. Les impregnas un beso. Y los inundas en un abrazo. 

Uno de esos días en los que les llueves tu amor confiando que no se les seque en cien años.

Uno de esos días en los que das gracias a Dios por seguir estando vivo y en los que lo que ayer te preocupaba, hoy ni tan solo existe.

Y luego todo pasa. Todo pasa y nada queda. Y vuelves al estrés diario. A dar importancia a las cosas que no la tienen. A vivir más fuera que dentro. A quejarte en lugar de agradecer. A frustrarte por cada logro no conseguido. Sin darte cuenta de que siempre, aun cuando no te lo parece, tienes la suerte de frente.