Ayer tocaba hacer la compra. Y en la frutería vi que tenían guisantes frescos. Compré un quilo y por la tarde, antes de la cena nos pusimos a pelarlos con mis hijas.

A ellas les encantaba al sorpresa de ver las pequeñas bolitas verdes que se escondían en el interior de las vainas. 

Y se me ocurrió improvisar un juego: consiste en que cada una coge una vaina, solo una. Y las otras dos tienen que adivinar cuántos guisantes hay dentro de ella.

A veces la vaina era enorme y solamente contenía un guisante. Otras veces era más pequeña y estaba llena. La vez que más nos reímos fue con una vaina chiquita que contenía tres guisantes enormes.

Pasamos un buen rato, mis hijas y yo, pelando guisantes, comiéndolos crudos, alborotadas, riéndonos a carcajadas cada vez que abríamos una vaina.

Os recomiendo que probéis este juego y cuando lo hagáis tened la televisión apagada. Lo pasaréis en grande.

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