Vuelvo a casa de noche. En el camino siempre paso cerca de un hospital. Hoy he parado para dejar pasar a una pareja que estaba cruzando por el paso de peatones. Han pasado por delante de mi coche, ella cabizbaja y el pasándole el brazo por encima de los hombros.

No sé qué les pasa, y tampoco voy a hacer interpretaciones al azar. Pero me ha maravillado que dentro de la gravedad que transmitía su forma de andar, se les veía unidos. Transmitía sin palabras la tranquilidad que te da saber que todo va ir bien. Que él va a estar allí pase lo que pase. Que no te va abandonar. Y no sólo eso: no sólo no te va abandonar, si no que va a estar siempre a tu lado y que nunca te vas a sentir sola.

Y eso es el amor. El amor es algo que va más allá de decidir juntos qué película se va a ir a ver al cine. Decidir qué cenamos hoy. Decidir dónde iremos las próximas vacaciones. El amor es algo que transpira por todos los poros de la piel. Que se nos escapa por el rabillo del ojo. Que se entrevé en cada gesto, en cada palabra, en cada aliento.

Al amor le sobra todo, porque una vez desnudo, en esencia, es lo más grande que hay en el mundo.

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