Probé los batidos verdes por primera vez hace unos tres años. Mi hermana pequeña me animó un fin de semana que pasamos juntas.

Ya había conseguido que dejara el gluten con grandes brneficios para mi salud, con lo que me animé a probar aquella papilla verde que se iba a tomar de desayuno. Se hizo uno de plátano, naranja, fresa y espinacas. No estaba mal, así que me animé a convertirlos en mi desayuno habitual.

Pero al cabo de unas semanas lo dejé. Por qué? Pues porqué, a pesar de la gran cantida de batido que tomaba (unos 750 ml),  a media mañana me daba un terrible bajón de azúcar.

Algo en mi interior me decía que no lo estaba haciendo bien. Y hace unas semanas averigué que era.

  1. Mezclaba demasiados tipos de fruta. En un batido verde sólo hay que poner un tipo de fruta: o plátano, o fresa, o melocotón, o pera o la futa que te apetezca. Que no sea sandía. No marida con ningún tipo de hoja verde.
  2. No añadía fibra adicional. Ahora anado a mi batido dos cucharadas de postre de linaza o semillas de chia molidas. De esta manera el azúcar entra más lentamente en mi torrente sanguíneo y el efecto saciante es mayor.
  3. No añadía proteína a mis batidos verdes, y esto los hacía menos nutritivos. Además, la proteína tiene un efecto saciante. Puedes añadir frutos secos remojados la noche anterior (nueces, almendras, avellanas, etc) pero solo un tipo. Y si quieres evitar las calorías de los frutos secos puedes utilizar polvo de proteínas. Yo utilizo este preparado que se llama TruPlenish. Además de llevar 20 gramos de proteína por dosis lleva encimas, fibra, omega 3, flora intestinal y glicanos que refuerzan nuestro sistema inmune y facilitan la comunicación celular.

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