Seguramente seas como el más común de los mortales: de vez en cuándo te enfadas. Y a veces tu enfado no es proporcional con el hecho vivido si no que va más en consonancia con el nivel de estrés que tengas en ese momento, ¿verdad?

Y a veces ese enfado dura y dura y parece que no se acaba. Hoy te voy a contar unos trucos para darle la vuelta a la situación.

A partir de ahora cuándo te enfades pregúntate:

¿Qué me enfada? – ¿Qué ha pasado que ha hecho que me enoje? ¿Realmente debo enfadarme por esto? Si me muriera mañana, ¿sería esto suficientemente importante como para enojarme?

¿Para qué me sirve el enfado? – ¿Qué consigo enfadándome? ¿Me ayuda en algo?

¿Hasta cuándo voy a estar enfadado/a? – ¿Cuánto tiempo voy a dejar que esta desagradable situación me embargue? ¿Qué puedo hacer para que termine?

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