Hace tiempo leí un diálogo  que me pareció gracioso. Decía así: “- ¿Tomas algo para el dolor de cabeza?” a lo que el otro contestaba “Sí, decisiones”.

Me reí un buen rato. Y es que tienen razón: muchos de nuestros dolores de cabeza son fruto a no tomar decisiones. 

No las tomamos por qué nos asusta, pero la verdad es que tomarlas nos reporta numerosos beneficios. Lo primero que nos pasa es que ganamos confianza y seguridad en nosotros mismos, y por consiguiente, dejamos de dudar de nuestras capacidades y de nuestras acciones. No sentimos la necesidad de explicarnos tanto ni de disculparnos por hacer lo que hacemos. Lo hacemos y punto.

Y, además, nos atrevemos a hacer cosas que siempre habíamos querido hacer y nunca habíamos hecho por que, quizá, no eran todo lo convencionales que se esperaba de nosotros mismos. Pero, al tener más seguridad en nosotros nos atrevemos. Y, además, nos damos cuenta de que igualmente siempre habrá alguien que nos critique hagamos lo que hagamos. Y esta revelación hará que dejemos de darle importancia a lo que dicen los demás y seamos un poco más felices.

Por esto te animo a que tomes decisiones en tu vida. Por qué, ¿qué es lo peor que puede pasar? Que te equivoques. Pero de todo se aprende, no sólo de lo bueno. Y al fin y al cabo todo saldrá bien al final. Y si no sale bien, no es el final.

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