Hoy he ido al mercado donde está la carnicería en la que compramos la carne ecológica. Justo en la entrada hay una floristería.

Siempre que voy al mercado paso de largo pero los ojos se me van detrás de las flores. No lo puedo evitar.

En cambio, hoy, he parado y me he comprado un ramo. ¿Por qué? Pues por que sí. ¿Por qué hoy y no antes? Pues por qué hoy, como dice mi amiga puertorriqueña, “me cayó el veinte”. O lo que viene a ser lo mismo, me di cuenta de:

  1. Que me encantan las flores frescas. Me chiflan. Me pirran. Me enamoran. Me hacen sentir feliz. ¿A ti no?
  2. Que si espero a que alguien me compre flores mejor me busco una butaca bien cómoda. Mi marido es un amor y me compra flores de vez en cuando pero no siempre que yo las quiero.
  3. Que tengo que cuidarme más. Las mujeres nos pasamos la vida adulta cuidando de los demás. Primero de nuestras parejas; después de nuestras parejas y los hijos (si decidimos tenerlos); y finalmente de nuestras parejas, los hijos y de nuestros padres (si tenemos la suerte de tenerlos vivos). Son muchas las mujeres que se sienten poco cuidadas por sus parejas. Pero aun las que sí nos sentimos cuidadas debemos mimarnos un poquito. Practicar el auto-amor. Y comprarnos flores de vez en cuando es una forma de practicarlo.
  4. Que alegran mi hogar. Un ramo de flores frescas en un jarrón con agua hace que el salón, la entrada o la habitación se vean más vivos.
  5. Que se anda diferente con un ramo de flores frescas en la mano. Ya verás: haz la prueba. Cómprate mañana un ramo de flores. Te lo envolverán en un bonito papel. Cógelo con la mano y vete andando a casa. Verás como se vive distinto y se siente distinto.

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