Si te han diagnosticado un cáncer a ti o a alguien cercano, seguramente en algún momento le habréis preguntado al oncólogo “¿porqué?”. Por qué ha pasado esto a esa persona querida o por qué de ha pasado a ti.

Y es muy probable que el oncólogo te conteste una de estas dos cosas: 

  1. El cáncer es una lotería: toca a quien toca.
  2. Tenéis antecedentes en la familia y estáis predispuestos genéticamente.

Vayamos por partes.

El cáncer es una lotería: toca a quien toca. ¿Conocéis a alguien a quién le haya tocado la lotería sin comprar un décimo, boleto o participación? Yo no. Si aceptamos que el cáncer es una lotería, tenemos que aceptar que para que nos toque debemos tener algún número. Y, ¿cómo se consiguen esos números? Pues llevando una alimentación poco saludable, no gestionando bien el estrés, llevando una vida sedentaria, bebiendo alcohol, fumando y/o exponiéndonos a tóxico. Todo esto hace que se incrementen nuestras posibilidades de sufrir un cáncer en algún momento de nuestra vida.

Tenéis antecedentes en la familia y estáis predispuestos genéticamente. Quizá tu padre, tu madre, tu tía, tu abuelo, tu abuela o un primo haya sufrido un cáncer. O quizá varios familiares tuyos hayan sufrido cáncer. Es cierto que la predisposición genética facilita que una enfermedad se manifieste. Pero también es cierto que existe algo llamado “epigenética” que es la capacidad que tienen nuestros genes de modificar la “programación” con la que vinimos al mundo. Es decir que una persona con predisposición genética a sufrir cáncer, en función de lo que haga en su vida, puede no desarrollar esta enfermedad. Y una persona sin predisposición genética a sufrir cáncer, en función de lo que haga en su vida, puede desarrollar esta enfermedad. Y ¿de qué dependerá que la enfermedad se manifieste o no? Pues de que llevemos unos hábitos de vida saludables: dieta equilibrada, hacer ejercicio de forma regular, gestionar bien el estrés y vivir una vida todo lo libre de tóxicos que nos sea posible.

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