Supongo que habrás oído hablar del glifosfato, uno de los pesticidas más utilizados en el mundo para matar las plagas que atacan a los cultivos. 

Este pesticida fue desarrollado por Montsanto en la década de los 70. Veinte años después de que el herbicida llegara al mercado, Monsanto desarrolló plantas transgénicas (Roundup Ready) tolerantes al glifosato, lo que en consecuencia permitía una aplicación más amplia del producto y supuestamente una reducción del uso de herbicidas. Sin embargo, era una falsa promesa y ha hecho incrementar drásticamente su uso. Al ser un herbicida de amplio espectro, mata a todas las plantas sobre el que es aplicado, no solo las “malas hierbas”,excepto los cultivos transgénicos que han sido modificados para ser tolerantes a este compuesto, lo que permite su uso indiscriminado sobre estos.

En marzo de 2015 la Agencia para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha clasificado el glifosato como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”. Esta clasificación se basa en la evidencia limitada en seres humanos pero una fuerte evidencia de que es cancerígeno para los animales. También se sospecha que actúa como un disruptor endocrino y que es tóxico para la reproducción.

En España Greenpeace ha intentado que se prohíba, pero se sigue vendiendo. Ahora el Gobierno de California lo ha incluido en la lista de productos cancerígenos y ha prohibido su venta.

Si cautivas un huerto en tu casa o tienes una extensión más grande, no pongas tu salud ni la de tus iguales en riesgo con este pesticida.

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