Hay lazos que unen. Lazos que atan. Lazos que aprietan. Lazos que ahogan. Lazos suaves, aterciopelados. Lazos rudos y rasposos. Lazos artificiales. Lazos con fragancia. Lazos de dolor. Lazos de colores. Lazos transparentes y brillantes como colas de estrella fugaz. Lazos que perduran. Lazos que se rompen, enseguida. 

Pero los que nos unen a las personas que nos aman (de verdad) y a las que amamos (realmente) son lazos que unen y perduran más allá del espacio y el tiempo.

Te propongo un ejercicio: siéntate en un sofá, con una luz ténue. Cierra los ojos. Respira hondo tres veces. Relájate. Relája la mandíbula, el cuello, los hombros. Relaja las manos, las piernas y los pies. Siéntate relajado un ratito, respirando. Cuándo te sientas relajado piensa en una persona a la que amas de verdad y pon la atención en tu corazón. ¿Qué ves? ¿Ves alguna cuerda o lazo salir de tu corazón hasta el de esa persona? ¿Cómo es? No juzgues, sólo obsérvalo y, si lo deseas, comparte tu experiencia en el campo de comentarios.

peupost