Hoy he descubierto este poema que quiero compartir con vosotros. Son tiempos convulsos para la medicina integrativa y para todo aquello que se refiera a alejarse de la norma, a diferenciarse del grupo. 

Esto lo explica en buena manera el Síndrome de Solomon, que dice que los seres humanos tendemos a negar la realidad para no sobresalir en el grupo del que formamos parte.  Esto es lo que demostró el siglo pasado el psicólogo Salomon Asch en un estudio con 123 estudiantes. Puso a cada uno de ellos en un grupo con siete otros estudiantes que estaban compinchados con él. Enseñaba una imagen con cuatro líneas. Dos de ellas tenía la misma longitud, las otras dos del centro eran de tamaños distintos. Los estudiantes  compinchados decían que había dos líneas iguales: una del extremo y otra del centro. El estudiante que participaba en en estudio, por no destacar, afirmaba lo mismo a pesar de que era muy evidente que no era así. Al revelarle el engaño éste admitía que, evidentemente, le había parecido extraño. Pero solo un pequeño porcentaje de los 123 participantes se atrevieron a llevar la contraria al grupo. Interesante.

Os dejo con el poema:

“Nuestro miedo más profundo no es no ser capaces.

Nuestro miedo más profundo es que somos enormemente poderosos.

Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos asusta.

Nos preguntamos, quién soy yo para ser brillante, atractivo, talentoso, fabuloso?

De hecho, que NO eres para no serlo? Eres un niño de Dios.

El disminuirse no le sirve al mundo.

No hay nada de sabiduría en encogerse para que otros no se sientan inseguros cerca de uno.

Estamos predestinados a brillar, como los niños lo hacen.

Nacimos para manifestar la gloria de Dios que está dentro nuestro.

No está solo en algunos de nosotros, está en cada uno.

Y cuando dejamos que nuestra luz brille, inconscientemente permitimos que otros hagan lo mismo.

Al liberarnos de nuestros propios miedos, nuestra presencia automáticamente libera a otros.”

Marianne Williamson

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