Cuándo, de pequeña, me ponía el calcetín del revés mi madre me decía: “Si te pones el calcetín del revés harás que hoy llueva”. Así aprendí como mis actos impactaban en lo que me pasaba durante el día.

Cuándo, de pequeña, dejaba comida en el plato mi madre me decía: “Cómetelo todo que en África hay niños que se mueren de hambre” Así aprendí que teníamos que ayudar a los que estaban en situación desfavorecida.

Cuándo, de pequeña, me quejaba de las dificultades que se me presentaban mi madre me decía: “Va tira”. Así aprendí que, pase lo que pase, ningún mal dura cien años y que de hay que ser fuerte.

Nuestras madres forjan nuestra personalidad. Nos acompañan en vida y, una vez han partido, nos siguen sirviendo de referencia. Somos lo que somos gracias a nuestras madres. Y su herencia se transmite, a través nuestro, a nuestros hijos y a nuestras hijas.

peupost