Dónde pones tu atención pones tu energía

Hace años mi madre me contó una historia que le impactó mucho y a mí también. De hecho la sigo recordando y aquí te la comparto.

Resulta que ella tenía una amiga que tenía 7 niños y niñas acogidas. Un día la llamaron del instituto para decirle que habían expulsado a uno de sus hijos de acogida durante una semana. Tenía que ir a recogerlo. Ella se enfadó muchísimo: era un chico que venía de una familia muy problemática, que había tenido una infancia difícil y había estado en varios centros de acogida antes de llegar a su casa. Desde que empezó en el instituto había estado sufriendo acoso por parte de un grupo de niños.

Llegaba a casa entre abatido y aturdido y le contaba a la amiga de mi madre lo que le sucedía. Ella fue a hablar varias veces con su tutora y con la directora pero el problema persistía.

Ese día su hijo se enfrentó a los acosadores, les pegó y le rompió la nariz a un compañero.

Mientras conducía hacía la escuela ardía por dentro, estaba enfadadísima. Pero luego decidió centrar su atención en lo que iba viendo: como el semáforo pasaba del verde al naranja y del naranja al rojo. Cómo las chicas jóvenes cruzaban despistadas. Como los niños correteaban con sus madres persiguiéndoles detrás. Como los abuelitos cruzaban con sus bastones y paso incierto… Y poco a poco, al centrar su atención plenamente en lo que estaba pasando en ese momento su rabia desapareció, se disolvió. Y cuándo llegó al instituto pudo mantener una conversación civilizada con la directora del centro sin ser presa de sus emociones.

Si quitas poder a todo lo que te perturba no existirá en tu mente. Y si no existe en tu mente no existirá en tu vida.

 

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