¿Puede la felicidad afectar a tus genes?

A veces, la ciencia nos sorprende con estudios que vienen a  decir que la felicidad no es un mero estado de consciencia en ciertos momentos de la vida, sino que además tiene efectos en nuestra propia genética y el sistema inmunitario. El estudio sobre el que vamos a hablar hoy es un poco abstracto, pero no por ello menos interesante.

Investigadores del Cousins Center for Psychoneuroimmunology de la UCLA y de la Universidad de Carolina del Norte descubrieron que la psicología positiva influye en el genoma humano. Pero no cualquier tipo de felicidad, el origen de la misma causa efectos diferentes en los genes de la persona. Veamos los diferentes tipos de felicidad de los que se hablan en el estudio.

Según los investigadores, hay dos tipos de felicidad: la eudaimónica y la hedónica. ¿Suena a filosofía extraña, verdad? No os preocupéis, con ejemplos lo entenderéis.

La primera, la eudaimónica, se refiere a ese tipo de felicidad que se obtiene cuando le damos un propósito o un significado profundo a nuestra vida. Por eso cuando hablamos de bienestar eudaimónico, nos referimos a esas personas que son muy conscientes de lo que es más importante en su vida. No se trata de que estén siempre felices y contentas, sino más bien se trata de una sensación de paz y de que sus actos van encaminados a ese sentido que le dan a la vida.

Luego está la felicidad hedónica. Esta la obtenemos cuando realizamos alguna acción placentera o divertida para nosotros. Por ejemplo, si te encanta hacer puenting, el realizar esa actividad te hará sentir un estado de felicidad más momentáneo que llamamos hedónico.

Y te estarás preguntando, ¿qué tiene que ver la felicidad con los genes?

Tiene mucho que ver, porque según los científicos del estudio, los dos tipos de felicidad NO influyen de la misma forma en la genética y la inmunidad de la persona.

Las personas con bienestar eudaimónico (el primer tipo de felicidad del que hemos hablado), presentaban más células inmunitarias favorables y niveles bajos de expresión de los genes inflamatorios. Además, también tenían una fuerte expresión de los genes antivirales y de los anticuerpos. En definitiva, unas defensas del organismo bastante potentes.

Las personas con niveles altos de bienestar hedónico (el relacionado con el placer y la diversión) presentaban una elevada inflamación y una baja expresión de los genes antivirales y de los anticuerpos en comparación con las personas con alto bienestar eudaimónico.

¿Esto quiere decir que un tipo de felicidad es mejor que otra? Para nada, en absoluto. Cualquier persona debería disfrutar de los dos tipos de felicidad. La diferencia está en que, aunque ambos tipos nos proporcionan una sensación de bienestar y de emoción positiva, tienen efectos diferentes en los genes, y por ende, en nuestra inmunidad.

Steve Cole, uno de los autores del estudio, concluía que “hacer el bien y sentirse bien” tenía efectos saludables de largo alcance, ya que “el genoma humano es mucho más sensible a las distintas formas de lograr la felicidad que nuestra mente consciente”.

 

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